Componentes del vehículo que hay que revisar antes de un viaje

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Se acerca Semana Santa, una de las épocas en las que se produce un mayor número de desplazamientos. Pero antes de iniciar un viaje por carretera, es necesario realizar una revisión de diferentes aspectos de nuestro vehículo para evitar posibles averías y accidentes.

De esta forma, para viajar con tranquilidad se debe revisar con especial atención el llamado «triángulo de seguridad», que comprende amortiguadores, neumáticos y frenos, junto con los demás elementos básicos del vehículo:

 

Los amortiguadores:

Su falta de mantenimiento y el de las suspensiones produce una disminución de la estabilidad del vehículo, lo que puede ocasionar un accidente grave. Para saber si su estado es óptimo, se puede hacer una comprobación apoyando todo el peso en el capó y soltando de golpe: si el coche únicamente sube, el amortiguador está en buen estado. Por el contrario, si sube y rebota hacia abajo, al amortiguador le quede muy poca vida útil. Si el coche oscila arriba y abajo cada vez que hay un bache, llévelo al taller.

Los amortiguadores se revisan normalmente a los 30.000 ó 50.000 kilómetros, y suelen requerir un cambio tras unos 50.000 ó 60.000 kilómetros. Además, unos amortiguadores en mal estado pueden ocasionar desgastes en los neumáticos.

 

Los neumáticos:

Son esenciales para conseguir un alto nivel de adherencia, capacidad de frenada, prestaciones y seguridad. Ante el inicio de un viaje se debe comprobar el desgaste de los neumáticos y revisarlos por si tienen algún golpe.

Deben cambiarse cuando la altura del dibujo esté en 1,6 mm o por debajo. Además, conviene hacer una verificación de la presión estando en frío, y si se va a llevar más carga de la habitual habrá que hincharlos más.

En cuanto a la colocación de la carga, se debe situar las maletas más pesadas en la parte inferior del portaequipajes, equilibrando los pesos por cada rueda. Asimismo, se debe comprobar la presión de la rueda de repuesto.

 

Los frenos:

Para asegurar su óptimo funcionamiento, hay que revisar el líquido de frenos inspeccionando el depósito que lo contiene. El nivel debe estar entre el mínimo y el máximo de las marcas consignadas en el contenedor. Además, conviene utilizar el producto recomendado por un mecánico especialista en función de la marca y modelo del vehículo. En cualquier caso, los expertos aconsejan reemplazar el líquido de frenos cada dos años como mucho. Si al hacer la comprobación de los frenos se percibe alguna carencia, no se recomienda volver a rellenar el depósito, sino que conviene vaciarlo por completo en el taller y purgar el sistema para evitar mezclas y contaminaciones.

 

Los niveles:

Además del líquido de frenos, hay que revisar otros niveles antes de salir de viaje como el del aceite, el líquido de la dirección asistida, el de la refrigeración y el del limpiaparabrisas:

    • Aceite: La comprobación del nivel se hace con la varilla indicadora. Si hay que añadir aceite, debe hacerse con el motor en frío. El nivel no debe estar por debajo del mínimo y si hay que agregar aceite nunca se debe llegar al máximo.
    • Batería: Hay que verificar los niveles de los vasos y añadir agua destilada si el líquido no cubre totalmente las placas.
    • Refrigeración: se debe comprobar el nivel del líquido del sistema de refrigeración con el motor frío. El nivel ha de estar entre el mínimo y el máximo y nunca debe llenarse del todo. Si se pretende realizar un viaje largo, se aconseja llevar en el coche una botella con líquido refrigerante.

 

La correa de distribución:

Es un elemento que sufre un gran desgaste cuando el vehículo está en funcionamiento y su rotura implica la destrucción de otras piezas del motor. Al no haber ningún síntoma que permita anticipar la necesidad del cambio de correa, éste tiene que realizarse de manera preventiva. Por ello, debe ser reemplazado cuando se cumpla el kilometraje o el tiempo especificado por el fabricante, lo que antes suceda.

En función del fabricante, del modelo y de la antigüedad del vehículo la frecuencia de cambio puede estar entre 60.000 y 240.000 kilómetros para los vehículos más recientes, o entre los cinco y los diez años de antigüedad del coche.

 

Las luces:

Cada vez son más los automovilistas que por seguridad conducen de día con las luces encendidas. Por ello, aunque no haya previsión de viajar de noche, es importante verificar el alineado de las luces de los faros y corregirlo si es necesario. Se debe supervisar el correcto funcionamiento de todas luces y hay que asegurarse de que se lleva un juego de recambio.

 

El filtro del aire:

Es recomendable revisar el filtro del aire ya que, cuando está sucio, el consumo de combustible del coche aumenta y en un viaje largo la diferencia de precio puede ser mayor que la de un filtro nuevo.

 

La climatización:

Conducir con calor es peligroso porque genera somnolencia. Si durante el invierno, el conductor no ha encendido de vez en cuando el aire acondicionado, es posible que el líquido en el interior del circuito se haya deteriorado y no enfríe. En este caso, conviene cambiarlo.